“miedo y asco en el oftalmólogo”

La semana pasada fuí a hacerme las pruebas para la operación con láser.

Si os soy franca, no creí que hiciera falta tanta cosa para ver el estado de mis ojos, pero bueno siempre va bien que se aseguren para estas cosas, al fin y al cabo son mis ojos! Son cruciales para mí!

Nada más llegar, mi madre y yo nos quedamos en la sala de espera dónde había un montón de abuelillos esperando a que les llegara su turno.

Tras unos minutos, una enfermera me avisó y me llevó a una pequeña salita dónde me realizó la primera prueba… LAS LUCES PSICODÉLICAS.

Consiste en poner tu cabeza en un “reposa-barbillas” y ver como unas luces dignas de cualquier discoteca goticosa se encienden a la par que la especialista te dice “mira la luz roja”. Debo reconocer que ciertos recuerdos de mi infáncia acudieron a mi cabeza al oír semejante frase pero cambiando la lucecita por un pajarito, y es que esas fotos de cole marcan lo suyo, oiga!

Tras eso regresé a la salita de espera y unos minutos más tarde, un hombrecillo me llevó de nuevo a otra sala y otra vez me tocó pasar por lo de las luces psicodélicas.

Allí me di cuenta de que nadie de mi casa estamos hechos para este mundo.

Cuando uno es alto, la mayoría de gente suele decirte “chica que suerte!” pero, creedme, no tienen ni idea de lo que dicen.

La silla enfrente del cacharro de las luces estaba demasiado cerca de la mesita en que estaba colocado tal aparato. Para postres, mi cabeza (tengo cierta similitud fisiológica con los personajes de Tim Burton: delgada, cabezona y patilarga…) era demasiado grande para el cacharro, con lo cual me tocó sentarme de tal manera que mi espalda hacia un interrogante.

No suficiente con eso, llegó el momento de la gran prueba. El “esparadrapo secante”.

Tras eso el especialista me comentó que me sentara en la camilla, me echó colirio y anestesia y me mandó que me tumbara en la camilla, con tal suerte que : o me colgaba la cabeza o le manchaba la pared con los pies.

Así que opté por lo segundo.

Tras echarme las gotas, mis ojos adquirieron el mismo aspecto que el gatito de Shrek y encima lo veía todo como los protagonistas de “miedo y asco en las Vegas” en este video:

Después de eso, el especialista procedió a meterme una especie de trocitos de papel secante en los ojos para ver cuál era mi nivel de lágrima en los ojos, gracias a lo cual descubrí que mi cerebro es mi peor enemigo.

Nada más hacer eso, la sensación que me entró fue de asco. Me empeñé en dar conversa a mi madre para evadir la sensación de mareo, pero debí coger tal tonalidad blanco-nuclear que mi madre me dijo: “te estás mareando verdad?”

Por lo cual me tocó tumbarme.

Al acabar con estas pruebas procedimos a salir de nuevo a la salita de espera.

Mi madre me ofreció su brazo para hacerme de lazarillo, pero orgullosa como soy y a pesar de mi efecto “miedo y asco en las Vegas”, opté por andar sola. El resultado: me empotré contra una pared, me llevé una silla y el mostrador de recepción. Lo peor de todo es que no me podía quitar la risa floja de encima.

Debido a esto me pregunto que, si teóricamente aquello solo era anestésia local y no tenía que influir en nada a mi estado psicológico-motriz y en cambio ya veis el resultado, qué pasará si algún dia me tienen que sedar del todo? Aquello podría ser la fiesta padre…

Solo os diré que el médico, al volver a llamarme para darme el veredicto (soy apta para la operación) me comentó al ver mis andares: veo que la anestésia te ha afectado algo más de la cuenta…

Veremos que pasará el dia 16 cuando llegue la hora de la verdad…

CaRpE DiEm y en breve más!

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