Las sandálias de Satán

Hoy me he estrenado por fin unas sandálias que me robaron el corazón desde hace un par de meses.

Las vi en un escaparate, allí bien puestas, y al momento noté como mis pupilas se dilataron como cuando estoy a punto de meterme un hostión o cuando Klein ve una mosca o me pide jamón.

Estaba claro que estabamos destinadas a estar juntas.

Asi que me las compré y esperé pacientemente a que llegara el buen tiempo para poder estrenarlas.

Y el momento ha llegado hoy, pero este ha sido el resultado (mirad a partir de 0:57)…

Solo diré que a los 5 min de salir de casa, me cuestionaba si llegaría al trabajo a tiempo y peor aún… me cuestionaba si podría regresar, pero… ya había andado 20 metros desde mi porteria, ya no podía hacer marcha atrás y he tenido que andar sonriente mientras mis pies parecían los de stigmata….

Lo peor de todo es que cuando te compras unos zapatos que realmente te gustan, por orgullo, por vanidad o por cualquier otro motivo absurdo (en este caso) que se os ocurra, vuestros pies siguen andando y vuestra cabeza se empeña en mantenerse firme y os negais a quitaros los zapatos en cuestión como si os fuera la vida en ello ( a parte de que andar descalzo por Barcelona es un deporte de alto riesgo… amén de que años atrás ya me gané el apodo de Marta piesnegros por culpa de cierto tinte capilar… )

Asi que os dejo y me voy a resignar a mi dolor…

CaRpE DiEm y mañana más!

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