Empezando a entender de qué va el juego

Estos días he estado leyendo un par de artículos (gracias a Sue, Xavi y Javier Malonda) que he encontrado y que han acabado de hacerme entender cuál es el problema.

Durante mis vacaciones en Essen, estuve mal . La finalidad de esas vacaciones era relajarme y desconectar. Esperaba con todas mis fuerzas que por arte de mágia todo volvería a ser como en mayo y que por arte de mágia, en 15 días todo volvería a ir bien.

Por si no fuera suficiente, confiaba en que los demás se encargarían de que volviera a recuperar la sonrisa por el mero hecho de reencontrarnos. Craso error ya que la felicidad no se encuentra fácilmente y sobretodo hay que tener en cuenta que la felicidad, depende de uno mismo (del prisma con que mires las cosas, de cómo actues, de las elecciones que hagas…).

Si a todo esto le sumamos en que no conseguía identificar porqué me sentía tan mal, que el estrés de todo el año me empezaba a pasar factura y que estaba asustada por no saber por dónde tirar, hace que todo eso desembocara en una actitud pueril por mi parte y en que por desgracia pagaran algunos justos por pecadors (por suerte, me han perdonado).

Al regresar a Barcelona, me tuve que enfrentar a problemas de los cuales huí y … toqué fondo.

Los dos primeros días a mi regreso, estaba que no sabía por dónde tirar, qué hacer con mi vida en general. No estaba satisfecha con mi vida actual y fue por ello que decidí optar por buscar piso.

Antes de mi viaje tendía a involucrarme demasiado en cosas que estaban fuera de mi alcance y cuando no podía más, optaba por irme de vacaciones unos días, recuperar fuerzas y repetir la espiral.

También tenía el problema de que no entendía eso de que alguna gente optaba por no dejarse ayudar, y lo que es peor, me sentía mal por ello.

Ahora he optado por una nueva forma de actuar.

Sigo teniendo el defecto de sufrir cuando veo que la gente lo pasa mal, pero he aprendido a respetar la decisión de los demás. Si ellos no quieren ser ayudados, debo respetarlo.

He aprendido a dejar de culpar a los demás de mi infelicidad. Soy totalmente responsable de ella (si, incluso cuando alguien me hace una mala pasada, mi felicidad depende de mi. Yo decido si corto el contacto con esa persona, si la perdono, o si sigo a su lado sufriendo, por consiguiente yo decido si quiero ser feliz o no).

También estoy aprendiendo a controlar la ansiedad que me provoca querer ayudar antes siquiera que me lo pidan o incluso el tomarme las cosas demasiado a pecho. Intento aprender a fluir.

Otro paso en el que voy a seguir trabajando este año por mi cuenta es en el tema de: ser, hacer y tener.

Hasta ahora me he centrado solo en los dos últimos. Soy consciente de que si me propongo algo lo consigo, por consiguiente el hacer y el tener han “dejado de tener” relevancia.

Ahora quiero centrarme en saber qué es lo que realmente quiero (dónde quiero llegar a parar) y quién soy, a lo cual creo que he dedicado demasiado poco tiempo.

Este amago de la Quarterlife crisis, me ha hecho dar cuenta que quizás el problema que he ido arrastrando sin darme cuenta, es que he ido dándo palos de ciego buscando algo que ni siquiera sé que es. Buscaba mi propia felicidad pero no sabía en que consistía eso exactamente y eso es lo que pretendo descubrir en el futuro.

CaRpE DiEm

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