con la miel en los labios…

Lo nuestro duró

lo que dura un microfono en manos

de la Courtney Love,

en vez de fingir,

o, negarme a tomar el bus,

me dio por ir.

De pronto me vi,

como una freak en tierra de nadie,

llamando, a las puertas de Macarrones Cornudos.

Me dejó un autobus Sagalés pa volver,

la miel en los labios

y escarcha en el pelo.

Tenían razón

mis amigos en eso de que, antes,

el cabronías era yo,

con una excepción:

esta vez, yo quería currar de verdad

y ellos no.

Así que me fuí,

me dejó el CV en los dedos

y yo frustrada.

Desde el sagalés,

y, haciendo un exceso,

enchufé el mp3…

e hice un gesto.

Y regresé

a la maldición de bocatas helados,

a la perdición de los apuntes de sintaxi,

a las corredizas de metro y tranvia, ,

por esas palizas del quinto pino a Barna,

pagando los tickets de bus de conductores sin alma

que pierden la calma con la falta de cambio,

volviéndome loca,

derrochando el sueldo y la calma lo fuí, poco a poco,

dando por perdido.

Y eso que yo,

para no agobiar con llamadas cansinas,

para no asediarlos con mi antología

de mañanas insípidas y neveras vacías,

para no rayarlos con mis dramillas,

ni ser la fantoche que va, en romería,

con la cofradía del Santo Reproche,

tanto lo quería, que, tardé,

en aprender a olvidarlo,

diecinueve días y quinientas entrevistas.

Dijo “hola,  lo siento”,

y, la respuesta sonó como un signo de frustración,

sospecho que, así,

se vengaba, a través del telefono,

pringada que fui.

No pido perdón,

¿para qué? si me van a volver a llamar

porque ya no les importa…

siempre tuvieron la mente muy fría,

cantos de sirena y ofertas a tutiplen.

Me colgó,

como se cuelgan los abrigos viejos,

destrozó el CV de mis trabajos de añejos,

sacó del ordenador mi CV de nuevo,

y, fui, tan tontorrona,

a por los” sagaléses” de nuevo

y esperanzada, que, ayer,

el conductor, me saludó

yendo dirección

a Caldes de Montbuí.

Qué pena tan grande,

negaría el Santo Sacramento,

en el mismo momento

que ellos me lo manden.

Y eso que yo,

para no agobiar con llamadas cansinas,

para no asediarlos con mi antología

de mañanas insípidas y neveras vacías,

para no rayarlos con mis dramillas,

ni ser la fantoche

que va, en romería,

con la cofradía del Santo Reproche,

tanto lo quería,

que, tardé, en aprender a olvidarlo,

diecinueve días y quinientas entrevistas.

Y regresé…etc.

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