entre el arte urbano y el Big Bang

Anteayer me entró el gusanillo de ir a la sala Big Bang a ver un concierto en directo de los que se suelen montar alli, y es por eso que decidí comentarselo a E, un couchsurfero que rondaba visitando Barcelona y que decidió apuntarse a mi aventura.

Antes de eso, fuimos por el barri Gótic a echar un par de fotos a los grafitis que hay por allí y cómo me viene pasando de hace tiempo, al meterme por esas calles, me sorpredió descubrir tiendas de arte y galerías  nuevas.

Si os soy sincera, cada vez que me meto por esas calles salgo de buen humor, ya sea porque descubro grafitis nuevos, simbolitos nuevos (como el mini mosaico de los space invaders, que según se cuentan, señalizan una ruta turística alternativa por varias ciudades europeas) o tiendas de artesanos nuevas.

E aprovechó para hacer algunos contactos, ya que él es muralista.  Su estilo está inspirado en animales.

Según me contó, su proyecto consistiría en ir ciudades europeas y dejar su propia marca, lo cual me suena a un proyecto interesante y a la par complicado de hacer.

Mientras comíamos tapas, me enseñó su muestrario y me contó que había hecho algunos de esos murales con la ayuda de algunos niños,  lo cual hizo que le admirara no solo por la calidad de los diseños, sino también por el hecho de que pintar con la colaboración de más gente (especialmente de gente que no te conocen o no tienen ni idea) suele ser complicadísimo.

En cuanto a hacer mis obras, reconozco que suelo ser bastante “huraña”, me gusta pintar sola.

Después de tomar algunas tapas, nos dirigimos a la sala Big Bang, lugar que me impresionó por su cambio.

Para nada se parecía al antro rockeril (que por cierto tenía su encanto y era lo que me esperaba) al que fui con M en 2005. Ahora era un bar de estilo americano, concretamente de los 50, y para nada me decepcionó, todo lo contrario.

Llegamos demasiado pronto al local y visto que el Raval no es un buen sitio para merodear por la noche, especialmente si tienes sentido de orientación nulo cómo el mío, decidimos quedarnos esperando en el bar a que apareciera la banda de Dixieland a hacer el concierto.

Durante la espera, el camarero nos informó no solo de los nit bus de vuelta a casa sino también del concierto de aquella noche, de la vida en el Raval, de nuestros países (el camarero era medio cubano medio italiano, E era de Costa Rica y servidora… ya lo sabeis!)  y de un artista llamado Btoy que no tiene para nada desperdicio.

Entre historia e historia y risa y risa, el camarero nos invitó a un chupìto de vodka negro con kiwi por ser los primeros clientes, motivos por el cual le hicimos un dibujo cada uno (sé que suena pueril pero… mi economía está literalmente sumergida por estas fechas) y entramos en el “wall of fame” del local.

Lo curioso es que dibujamos freakiadas y el hombre casi acaba por poner nuestros dibujos debajo de un cartel de prohibido fumar marihuana en el local… mensaje subliminal de las consecuencias de ir dopado? 😉

Sea como sea, fue una noche genial a pesar de la gran caminata hasta casa y para encontrar el nit bus.

Veremos que tal se presenta el finde, aunque de momento ya apunta maneras 🙂
PD: en breve os colgaré más cosas que he hecho

 

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