Entre bambalinas con un arma de destrucción masiva

Asi es como me he sentido este mediodía en mi propia facultad.

Resulta que este año los de la UB, han aceptado que el Barcelona Fashion Week se celebre entre lo más bonito de la facultad, sus patios (eso sí, por el módico precio de 80,000 euros que NO van a suponer ninguna ventaja sobre los precios de las matriculas de los estudiantes…).

El caso es , que tras salir de la autoescuela, me he dirigido a la facultad para comer y disfrutar de la compañía de los gatos que merodean por ahí y ver si me encontraba con alguien para charlar un rato.

Nada más llegar a la puerta, con mis pintas de backpacker, un segurata de dos metros me ha detenido y me ha dicho: a dónde vas?

Me he sentido tentada de decirle “es que no sabes con quién hablas o qué?? soy la disseñadora… !!! Te voy a empapelar por no reconocerme”, pero visto que este tipo de personal suele tener el encefalograma más plano que una tabla de surf he optado por permitirle un par de segundos de silencio para que adivinara qué era y qué venía a hacer … Es obvio que no soy una fan de la moda… Y si entro en una facultad, no va a ser para bailar un twist…

Pues bien el buen hombre y yo, hemos hecho un duelo de miradas a lo far west y en vistas de que no acertaba, le he dicho: “esto… estudio aqui!”

Me ha señalado otra puerta y me ha dicho que entrara por allí. Tanto tiempo rondando por los pasillos de la facultad para que cuando hagan algo que merece ser visto para posterior descojone, me traten así… Seguro que con lo que hemos pagado de matrícula cada uno de nosotros, les salimos más rentables que el Fashion Week.

Tras entrar, me he dirigido a la cafetería dónde he tenido mi segundo trauma: no se hacen platos combinados en verano.

Adiós a mi antojo de comer escalopa de pollo con patatas 😦

Y lo que es peor, se les había acabado el lomo para los bocadillos.

Sintiéndome como una refugiada en mi própia facultad y con mis derechos alimenticios negados (entiendase el lomo y el plato combinado) me he ido al patio para poder disfrutar del bocadillo de jamón y queso con cara de pocos amigos.

Es cierto que duermo poco, y es cierto que hoy no esta siendo mi día, pero he considerado exagerado que un segurata me detenga alegando que “lo que llevas en las manos es peligroso”  y posteriormente me indique la salida.

Por la cara que ha puesto este hombre, se ve que ahora un bocadillo de jamón y queso en una féria de la moda es tan peligroso como un talibán con explosivos hasta en los dientes.

No llego a comprender el motivo de tanto miedo, y la verdad es que mientras cruzaba el patio en busca de un rincón tranquilo, me han dado ganas de saltar en medio de la féria y gritar “mirad lo que tengo entre las manos!!! y sé como utilizarlo!!!”, pero me daba miedo que las modelos se abalanzaran sobre mi para robarme el bocata (ahí si que se hubiera liado la de Diós es Cristo. NADIE toca MI comida) .

No obstante reconozco que me ha quedado el gusanillo por no haberlo hecho y comprobar si los gatos, repudiados conmigo en un patio del edificio nuevo, se unían a mi propuesta y se dedicaban a “marcarles las 4 barras” en la cara a los vendedores de aire que han organizado semejante mamarrachez.

CaRpE DiEm y en breve más!

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